
Hace rato que veo en los medios de comunicación (en el último año) así como en el gobierno (desde hace unos 5 o 6) una especie de estrategia del miedo para generar un silencio y una pasividad. Eso también lo veo en la generación de mis viejos y de mis abuelos.
El miedo genera silecio, obliga a callar, pero por sobre todo, eclipsa la esperanza de cambiar la sociedad que habitamos. Y claro que ha funcionado: cuando hablo con un taxista, con mi familia y algunos de mis amigos veo como esta idea del miedo ha funcionado. El argumento que me entregan es que "todo ya está hecho", "las cosas son como son" y que no vale la pena tratar de cambiarlo.
Soy un decepcionado de la sociedad - ojo, no de las personas - y más me decepciono cuando veo para dónde van las directrices globales, que apuntan a la abulia, la aceptación y la maximización del uso de las reglas. Exitoso es el que hace el mejor negocio, no el que se da cuenta que el negocio no importa tanto.
Y claro que no es así. Pero para darse cuenta de eso, hay que tener la suerte de estar en una instancia que te pueda enseñar y mostrar qe no es asi. Es por eso que hoy más que nunca valoro y agradezco la posibilidad de haber estudiado en una unviersidad estatal. Creo que quizás por eso no es dificil diferenciar a alguien que ha ido a la universidad de alguien que no: la U te obliga a cuestionar lo que te plantean, y te muestra la realidad que no sale en el prime time de megavisión, ni en los documentales con música cebolla de canal 7.
Una de las mejores maneras de diferenciar a alguien que puede ver un poco más allá de lo evidente es diferenciar entre la gente que argumenta desde la casuística v/s la gente que argumenta desde la información. Los primeros tienden a argumentar desde la experiencia personal, o la experiencia del amigo o familiar. Y creo que no hay nada más nimio que buscar extrapolar la experiencia personal a la generalidad, sobre todo cuando el motivo para hacer algo asi es la simple falta de otros argumentos. Por otro lado, argumentar desde la información, obliga a leer, debatir, tener conversaciones sobre el tema y estar alerta a lo que pasa, al desarrollo de los acontecimientos, y en definitiva, a conectar el tema particular con la generalidad y el contexto socio-económico-cultural en el cual se encuentra incrustado. Y eso, lo enseña la U. ya sea desde el aula o fuera de ella.
Es desmotivante cuando uno se enfrasca en una conversación con el primer tipo de personas. Se debe escuchar y respetar todas las opcioniones, pero claramente hay algunas más válidas que otras. La validez de la opinión radica entonces en la posibilidad de dar otros argumentos más allá de la experiencia propia.
No me gusta el miedo. Y me gusta poder hablar de cosas con la gente. Por eso hago salud por la universidad.
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